SOBRE LOS CIELOS DE HIROSHIMA

Cuando el "Enola Gay" giró sobre sí mismo y emprendió rápidamente el vuelo de retorno a sus bases en las islas Marianas, detrás suyo se levantaba un hongo jamás visto por ojos humanos. Sus colores, formas, volúmenes, texturas, dimensiones eran sorprendentes, verdaderamente indescriptibles a primera vista, y solo merecieron una simple y patética expresión de un tripulante de aquel avión modificado especialmente para llevar adelante esa misión: "¡¡Dios mío!!"

por DANIEL SILBER: presidente ICUF (Idisher Cultur Farband - Federacion de Entidades Culturales de la Argentina)

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En esas dos palabras -tan usadas siempre en multitud de lenguas, y al mismo tiempo tan simples y tan expresivas-, el capitán Robert Lewis, copiloto del bombardero en aquel día 6 de agosto de 1945 sobre los cielos de Hiroshima, resumía el mismo estupor con que asumiría la Humanidad la noticia de que se había lanzado sobre una ciudad que casi nunca había sido atacada, la primera bomba atómica.

Las estadísticas acerca de ese ataque nuclear son estremecedoras y capaces de conmover al más duro: destrucción y aniquilamiento fueron instantáneos. De los 350.000 habitantes de la ciudad, mas de 160.000 murieron en los 2-3 días  siguientes al ataque; de lo que era una ciudad pujante y activa solo quedaron algunos rastros; las huellas visibles y mas evocadas son un reloj que se detuvo a la hora exacta de la gran explosión y un edificio absolutamente destruido - del que solo quedó la estructura- llamado el "observatorio nuclear". Lo demás era  personas calcinadas. Ya desde aquel momento quedo en claro que los objetivos perseguidos por los EEUU en aquellas operaciones no eran la derrota militar del Japón, sino instalar la superioridad bélica y el chantaje atómico como instrumentos de dominación planetaria.

Pasaron 64 años y la responsabilidad que tenemos es grande. Por un lado, trabajar contra el belicismo y la militarización de las sociedades. Por otro, construir sociedades basadas en la paz, el entendimiento, la convivencia, el respeto. Aunque nos quieran convencer de lo contrario, hay bases militares de las grandes potencias a lo largo y ancho del mundo; sin ir mas lejos el «Informe sobre las Bases» del Departamento de Defensa de EEUU del año 2003 da cuenta de una lista de 702 bases que son propiedad del Pentágono o alquiladas por este, excluyendo sus instalaciones en Afganistán, Uzbekistán, Kuwait, Qatar, Kirgistán, Kosovo e Irak; solo en América del Sur y Central y Atlántico Sur están la Isla Ascensión para comunicaciones y radar y Curazao, de tránsito y aprovisionamiento, así como Tres Esquinas (Colombia); Iquitos (Perú), Palmerola (Honduras); Compaña (El Salvador),  Reina Beatriz (Aruba) y Liberia (Costa Rica). Recientemente, el gobierno popular del presidente Correa en Ecuador ordenó no renovar el acuerdo de la base aérea de Manta que servía para tránsito, aprovisionamiento y unidades antidroga, la que se trasladaría a Colombia. En nuestro país, Malvinas es una poderosa base militar británica. Si pensamos que tanto EEUU como Gran Bretaña son los principales socios de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, la mayor organización internacional militar actual), vemos cómo los países mas poderosos tienen una enorme capacidad de monitoreo e intervención directa sobre nuestros territorios del Cono Sur, ya sea para actuar en procesos políticos o controlar recursos naturales. Esto se ve complementado con "operativos militares conjuntos" -UNITAS, Águila, Cabañas, Ejercicio Apoyo Humanitario (1995); Operación Cruz del Sur (1996); Ejercicio Fuerzas Unidas, en Brasil (1997); Ejercicio Cabañas 97, en Panamá (1997); Ejercicio Fuerzas Unidas, en Para-guay (1998); Ejercicio Cabañas 98, Puerto Rico (1998); Operación Cruz del Sur 98, en Corrientes, Argentina (1998); Ejercicio combinado de fuerzas especiales, en Isla Grande de Tierra del Fuego (1998), entre otros-, que no solo vulneran la soberanías nacionales, sino que subordinan operativamente a las FFAA nacionales a los dictámenes de los mas poderosos. La reactivación de la IV Flota de los EEUU (su misión es vigilar buques, aviones y submarinos que transiten por el Caribe, América Central y América del Sur) y el funcionamiento del Comando Sur son claras evidencias de este tipo de concepción estratégica.

La militarización de las sociedades se traduce directamente en la pérdida del funcionamiento democrático; se amordaza la prensa y las opiniones, los parlamentos ven debilitadas sus funciones, los partidos políticos y los sindicatos tienen impedimentos para actuar, se desarrollan los nacionalismos mas baratos, todo en aras de una supuesta "defensa de la Patria". Y todo eso, sin hablar de los impensables desequilibrios ecológicos que producen las guerras, la esterilización de esfuerzos creativos ni la destrucción material y cultural que generan.

Podemos pensar que fue la Humanidad la que engendró esperpentos y despropósitos horripilantes como Hiroshima y Auschwitz; también podemos pensar que esa misma Humanidad generó gestas tan sublimes como la Declaración de los Derechos Humanos, la emancipación de los pueblos, las sinfonías de Beethoven o la vacuna contra la polio. 

Nosotros, cuando hablamos de paz, no hacemos alusión ni a la paz que ignora el conflicto ni a la resulta del orden de los cementerios; nos referimos  a la paz un tanto caótica y desordenada y ruidosa de sociedades en actividad, con contradicciones, donde el trabajo no es alienante, donde se crea y se produce en escuelas, hospitales, fábricas, oficinas, cam-pos, talleres, centros deportivos y que ellos están al alcance de cualquiera, donde la alegría de la certeza del mañana es lo característico; nos alineamos con es parte de la Humanidad que sueña, trabaja y construye un porvenir en el que nadie quede afuera, en que todos estemos incluidos, en el que la sustentabilidad del planeta sea una realidad. No importa que sea un poco desprolija; tengamos desconfianza de aquello que viene bien ordenado y envasado, ya listo para usar.

Ojalá que de ahora en mas, sobre los cielos de Hiroshima, es decir los cielos de todo mundo, solamente veamos su celeste y salir el sol sin ninguna nube.