¿Quién puede oponerse a una convocatoria a dialogar? Sólo un fanático o un fundamentalista. Desde este punto de vista, el improvisado llamado de la esposa del ex presidente Kirchner en Tucumán debe ser bienvenido. Claro que solo desde ese punto de vista porque la suma de interrogantes en derredor de las conciliadoras palabras es tal que ofrece margen suficiente para un descarnado escepticismo, no solo respecto del alcance sino hasta de su real ocurrencia.
Antecedentes
La noción de historia implica necesariamente una continuidad de sucesos. No existe jamás el minuto cero. “Borrón y cuenta nueva” resulta siempre un concepto abstracto. Desde lo político, lo socio-económico, lo cultural, el devenir es siempre condicionado por lo ocurrido.
Cuando el juez penal debe dictar una sentencia siempre tiene en cuenta los antecedentes del acusado. Cuando una empresa contrata un trabajador pretende conocer su grado de capacitación y su comportamiento anterior. La confianza en el seno de una familia se cimienta si la verdad reinó en su seno y, por el contrario, se deteriora cuando alguno de sus miembros faltó, en el pasado, a sus compromisos. Ningún deportista es incorporado a un plantel sin tener en cuenta su derrotero. Así es la vida de las personas, de las organizaciones, de las naciones y de los Estados.
Lo dicho en nada favorece al gobierno en cuanto a su sinceridad convocante. No son Néstor y Cristina Kirchner, Guillermo Moreno, Julio De Vido, Marcelo Parrilli, Santiago Kunkel, las personas con predisposición tradicional a conversar y acordar. La habitual conflictividad de Kirchner y el autismo de su esposa –cuya última comprobación fue su amañada e inverosímil interpretación de los resultados electorales – no pueden dejar de ser tenidos en cuenta. Cierto es que la gente puede cambiar y bueno es que lo haga cuando se da cuenta de sus errores. ¿Alguien escuchó algún reconocimiento en tal sentido por parte de los principales responsables de este desgobierno? En Tucumán, por primera vez, la presidente cónyuge dijo que ella aprendía de sus equivocaciones aunque se cuidó muy bien de precisar siquiera una de ellas.
Una mirada sobre el cambio de gabinete arroja aún más sombras que luces. ¿Es Aníbal Fernández un moderado? ¿En todo caso lo es más que Sergio Masa? ¿No fue él el encargado de los más virulentos ataques del gobierno sobre Elisa Carrió y Mauricio Macri? ¿Su defensa a ultranza del gobierno y sus descalificadoras palabras sobre la oposición no fueron las razones que lo catapultaron a la Jefatura de Gabinete?
El primer requisito para que un diálogo sea fructífero reside en el convencimiento de quienes hablan sobre lo virtuoso del intercambio. No hace falta entonces circunstancias apremiantes o adversas para efectuar el llamado. Se lo considera válido en todo momento. Nadie, en ese caso, tiene derecho a desconfiar. Cuando es tardío y precedido por una apabullante derrota electoral –el setenta por ciento del país votó contra el gobierno-, cuando no fue ejercitado a lo largo de seis años, cuando se procedió a descalificar sistemáticamente a quienes no pensaban igual, queda un amplio margen para la duda. La ciudadanía votó a favor de la discusión de los temas y en contra de la hegemonía autoritaria. Si la respuesta tucumana implica tener en cuenta dicha realidad, bienvenida. Si solo se trata de ganar tiempo ante circunstancias adversas será una prueba de “gatopardismo”: que algo cambie para que nada cambie. Veremos. Una semana o diez días alcanzan para juzgar la sinceridad oficial.
Presencias
Lo escueto del anuncio tucumano implica aún una agenda abierta cuya definición en cuanto a los asuntos a tratar deparará la amplitud o la cerrazón de la convocatoria. No es lo mismo dialogar sobre aquello que el gobierno pretende que hacerlo sobre los temas que el oficialismo proponga pero junto con los asuntos que postule la oposición.
La cuestión será definida –¡cuando no!- en El Calafate entre la pareja gobernante durante el fin de semana que está a punto de concluir. Con todo, algunos trascendidos implican nuevamente dar pie al escepticismo. Las ideas que van tomando forma muestran una especie de reunión de los sectores socio-económicos que puede dar cabida o no a la conformación de un Consejo Económico-Social. Habrá que ver y analizar presencias y ausencias. Siempre según los trascendidos la invitación abarcaría a la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA), la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Unión Industrial Argentina (UIA), la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Mesa de Enlace agropecuaria.
A primera vista, si así se lleva a cabo, es amplia, pero con matices. ADEBA no es la única entidad que nuclea a los bancos, la CGT atraviesa una crisis –luego volveremos sobre el tema- debido al alineamiento –no exento de chantaje político- de Hugo Moyano con el propio gobierno.
Por último, tomar la iniciativa de sentar a la Mesa de Enlace junto con los demás sectores, sin ser criticable en sí misma, puede implicar minimizar o restar identidad al problema agropecuario. Otra vez se parece mucho a un “aquí no ha pasado nada”, cuando la realidad muestra que demasiada agua corrió por debajo del puente.
¿No sería conveniente hablar con el campo en conjunto con los demás sectores pero también por separado? ¿Cuestiones como la lechería, la ganadería, el trigo, el maíz o las economías regionales no merecen un tratamiento diferencial y paralelo? ¿El enfrentamiento entre campo y gobierno no debe ser superado definitivamente antes de pretender que los productores hablen sobre otros temas?
Políticos
La convocatoria presidencial fue más precisa en materia estrictamente política. En Tucumán, el anuncio limitó las conversaciones a un cambio –otro más- en la ley electoral para impulsar internas abiertas y simultáneas en los diferentes partidos políticos. Luego trascendió que se buscaría limitar el número de agrupaciones que podrán presentarse a elecciones.
Si el llamado a la oposición queda limitado a dicho tópico, resultará lo más parecido a una “tomadura de pelo”. Primero porque el gobierno impulsará una ley que el propio oficialismo derogó hace tres años. Segundo, porque para reformar la ley electoral no hace falta hablar por fuera del Congreso.
Es un mero tema de legislación que alcanza con ser tratado en las comisiones respectivas y luego en las Cámaras. Tercero, porque implica restar identidad –y negarse por tanto a tratarlos- a algunos problemas coyunturales convertidos en temas de fondo por el sueño hegemónico de los Kirchner.
Así, Concejo de la Magistratura, superpoderes, INDEC, retenciones agropecuarias, boleta única electoral, distribución federal de los recursos, no serían objeto de tratamiento. Si ello ocurre, nadie puede dejar de percibir la encerrona: la oposición –y por ende, la política- quedarían fuera de los temas que hoy la sociedad percibe como urgentes. Será un “hablemos de algo para no hablar de casi todo”.
De fondo
Pero si estos son los temas más importantes, no dejan de ser coyunturales. En todo caso, su importancia radica en los retrasos a que el kirchnerismo sometió a la vida republicana, democrática, cultural y económico-social del país.
Porque de última, debe quedar claro que la facultad de aplicar retenciones a cualquier tipo de exportación de manera arbitraria por el Poder Ejecutivo se termina con la suspensión de la aplicación transitoria de una enmienda al Código Aduanero. Que la boleta electoral única, las internas abiertas o no –a mi juicio, agravarán los males- y las exigencias para ser partidos reconocidos se resuelven con una nueva ley electoral. Que la composición del Consejo de la Magistratura se cambia con un instrumento legislativo. Que el traspaso del INDEC al Congreso para garantizar su transparencia es solo un voto por mayoría simple. Que la emergencia económica y los superpoderes se liquidan en el recinto de las cámaras. Por tanto, para cambiar todos estos absurdos alcanza con un acuerdo de bloques en el Parlamento.
No nos engañemos. Tratarlos en mesas parciales de diálogo –si es que se tratan- es hacerle el juego al kirchnerismo. Ellos saben que deben resignar dichas posiciones porque así lo votó la ciudadanía, pero lo llevan a la discusión para que, en todo caso, la resignación sea solo parcial.
No, los temas de fondo son otros. En política, cual es el sistema que debe regir a los argentinos. Este presidencialismo monárquico o un esquema parlamentario con gobierno de mayorías. En materia socio-económica, terminar definitivamente con la indigencia –con consecuencias clientelares sobre la política- con ingresos mínimos garantizados para todos o seguir con parches que aseguren el funcionamiento eterno de la fábrica de marginalidad. En economía, acordar reglas a largo plazo que posibiliten las inversiones, requisito indispensable para atacar la pobreza o resignación frente a la inseguridad, las pandemias, la deserción escolar y las villas miseria. En distribución de la riqueza, reglas de equidad basadas en el pago de impuestos por parte de quienes más ganan o castigo a los sectores más desposeídos con niveles superlativos de IVA o con devaluaciones que licuen pasivos empresarios y del Estado a costa de disminuir los salarios de los trabajadores. En organización nacional, federalismo real con una nueva ley de coparticipación donde –cuando menos- el Estado nacional resigne ingresos a favor de provincias y municipios o mecanismos de sujeción política que limiten cualquier criterio de autonomía. En política exterior, alianzas con el populismo vocinglero o inserción definitiva en la modernidad.
Estas son las cuestiones que deberían debatirse. Las que requieren acuerdos previos a la decisión legislativa porque hacen a la vida de cada uno de nosotros y porque representan políticas de Estado que no deben estar sujetas a los avatares del oficialismo de turno.
Pocas, muy pocas son las posibilidades de tocar estos temas. Tan pocas que el llamado al diálogo solo genera escepticismo. Que algo cambie para que nada cambie.
Señales
Las contradicciones del gobierno arrojan otro manto de sospecha sobre la nueva etapa. Ya no se puede ocultar más –las elecciones ya pasaron- que la Argentina está desfinanciada. Con extrema dificultades hará frente a los compromisos para lo que resta del año y no tiene recursos para pagar deudas en el 2010. En el segundo trimestre del año huyeron del país 6.000 millones de dólares. En lo que va del año 12.000. En 2008 23.000. Desde 2007, 44.000. De allí el renovado interés en acordar con el hasta hace poco vilipendiado Fondo Monetario Internacional. La Argentina requiere capital de giro y capital de trabajo. Hay que buscar financiamiento. Pero el nuevo ministro de Economía, durante la misma semana, emite dos señales. Quiere dar marcha atrás con el modelo y quiere avanzar con el mismo. Busca acuerdo pero deja trascender que gravará el movimiento financiero e impondrá un bono obligatorio a los bancos. Difícil de hacer, aunque no del todo incorrecto, cuando un gobierno está fuerte y una economía es floreciente, ni que hablar cuando el Estado es débil y la economía en crisis. ¿Cómo debe leerse? Sencillo, el gobierno impulsa la huída de capitales y el traspaso de los ahorros a dólares. Cuasi demencial.
Política exterior
Como era de prever, la sobre actuación de la esposa del ex presidente en funciones, hoy llamado a momentáneo silencio, en el pre-malogrado viaje de retorno del depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya a su país, terminó sin pena, ni gloria. Aquello que no logró la ampulosidad de la señora y sus pares de Paraguay, Fernando Lugo y de Ecuador, Rafael Correa, lo logró Barack Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton: ambos bandos deben negociar con la mediación del presidente de Costa Rica y premio Nóbel de la Paz, Oscar Arias. Que la negociación será lenta, seguro. Que probablemente el tiempo traiga la solución, a ciencia cierta. En todo caso, si no se adelantan las elecciones, Honduras debe concurrir a las urnas para elegir presidente el próximo 29 de noviembre. ¿Entonces, a que fue Cristina? Habrá que preguntarle al inexistente canciller Jorge Taiana quien no para de acumular fracasos.
La gripe A
Terrible tras las elecciones, ignorada días antes. Como con la crisis económica internacional y tantas otras cuestiones, la gravedad de la pandemia comenzó cuando ya no pudo influir sobre las urnas. Parece un INDEC sanitario. Nadie sabe a ciencia cierta si las cifras son confiables. Para colmo surgen voces que acusan al ministro de Salud, Ricardo Manzur, de falsificar estadísticas en su Tucumán de origen para reducir la mortalidad infantil. ¿Estamos frente a un Guillermo Moreno de la salud?
Veamos las soluciones propuestas. El gobierno desaconseja, pero no limita ni prohíbe las concentraciones públicas innecesarias. Todo es posible para divertirse, comprar, asistir a un espectáculo deportivo o hacer turismo con solo las autolimitaciones que el propio público se imponga o que los empresarios determinen. Eso sí, el gobierno, a velocidad de rayo, decreta un feriado administrativo y bancario.
A primera vista, el trabajo y la producción son la variable de ajuste para la Argentina. A segunda vista, el feriado administrativo es una excusa para decretar el feriado bancario necesario para tratar de frenar la huída de capitales, el descenso de las cotizaciones de acciones y títulos públicos y la compra de dólares, esto último porque se corren rumores de devaluación. A simple vista, la importancia de la salud es relativa. Sin exagerar, lo único que nos salva es la primavera, cuando comience a volver el dengue.
Un dato más, el gobierno debatió una semana sobre si declarar o no la emergencia sanitaria. Tras cinco días de deliberaciones se dio cuenta que la emergencia estaba en vigencia desde hace varios años. Un poco de seriedad.
Locales
Superada la instancia electoral, varios fueron los temas que ocuparon la atención de quienes viven, trabajan o estudian en Junín y su zona de influencia. Gripe A, aumentos de precios energéticos y caída de las ventas fueron, quizás, los más determinantes. Más allá de las recomendaciones y de las decisiones adoptadas dentro del propio municipio, de por sí bastante más concretas que las expuestas por las autoridades nacionales, lo cierto es que, inevitablemente, cualquier comportamiento municipal choca –rara vez se complementa- con cuestiones solo posibles de resolución en el nivel provincial o nacional.
Así, la demora en el Instituto Malbrán –nacional- para certificar si los análisis sobre un eventual paciente confirman o no la presencia del virus, restan efectividad a la velocidad con que debe ser encarado cualquier tratamiento. Hasta la fecha, la provincia nada hizo para solucionar el inconveniente, a partir de lo cual el enfrentamiento con el virus muestra una disparidad: prevención municipal, con mayor o menor grado de efectividad y curación con inevitable intervención nacional con demoras que hasta hoy nadie se encargó de solucionar.
La cuestión de los precios energéticos, en particular aquellos vinculados al gas, también superan el margen de maniobra de la empresa local. El gobierno nacional autorizó un incremento de hasta un veinte por ciento a los prestadores pero los obliga a percibir un treinta por ciento adicional para sostener un fondo destinado a la importación del fluido. Ya casi resulta redundante explicar que la política de atraso tarifario compensada con subsidios fue la locura causante de la no inversión en la exploración y explotación de gas y petróleo en la Argentina. Ahora que llegaron los tiempos de las vacas flacas, el Estado no puede mantener el nivel de subsidios y traslada abruptamente la cuestión a los precios. La peor noticia no reside en el fortísimo aumento sino en que no sincera la cuestión. Es decir que un próximo incremento se agazapa sobre los bolsillos de los consumidores.
Por último, la caída de las ventas alcanza niveles alarmantes aunque no por ello imprevisibles. La suma de los desmanejos económicos del gobierno nacional, más la crisis financiera mundial más las secuelas de la Gripe A redundan inevitablemente en una caída de nivel de la economía, de la que Junín no está exento aunque con alguna particularidad. El sector vinculado al turismo, por ejemplo, padece una crisis peor en términos comparativos. Hoteleros y gastronómicos explican, sin faltar a la verdad, que en otros países el Estado aportó lo suyo con la reducción del IVA. Un buen ejemplo de lo que la Argentina seguramente no hará. El Estado de las finanzas públicas determinará que la presión fiscal no afloje. Resultado: círculo vicioso de menos ventas, menor pago de impuestos y así sucesivamente. Nos guste o no nos guste para cortarlo no queda otra que achicar el gasto público. Pero esa es una historia que tiene que ver con el gobierno nacional, aunque golpee a los habitantes de Junín. |