URUGUAY

LA SITUACIÓN DE LOS REFUGIADOS EN AFRICA
Investigación realizada por  Carlos Defazio desde Montevideo para “Avanti en el mundo”

Uno de los principales dramas actuales que afecta el continente africano se imbrica con el desplazamiento masivo de población a raíz de los diversos conflictos armados internos o externos que afectan a los países de la región.

Como causas intrínsecas debemos mencionar una serie de factores:
La diversidad étnica que compone cada una de las naciones, cuyos limites fueron el resultado de la arbitraria decisión de las antiguas potencias coloniales, quienes trazaban las fronteras de sus colonias sin considerar la composición socio cultural de las poblaciones que habitaban en las mismas.

La debilidad y legitimidad real política de cada uno de los Estados surgidos a posteriori del fin de la época colonial, hecho todavía reciente en el tiempo (apenas desde hace unos cincuenta o cuarenta años) en tanto es fruto de las anteriores delimitaciones políticas de las potencias opresoras, quienes con frecuencia delegaban ciertas prebendas administrativas a una elite local, cuyos componentes han en cierta medida heredado el control de los gobiernos emergentes.

La fragilidad de los sistemas democráticos, en caso de que existan, y la multiplicidad de situaciones anómalas con respecto al mismo, traducido en la abundancia de regímenes de facto, con frecuencia liderados por una autoridad personalista, en la que se conjugan el poderío militar y aristas mesiánicas, relacionadas no solo con la tradición cultural de las distintas etnias del continente, sino también con el proceso de sincretismo religioso originado tras la introducción forzada de las creencias católicas en el África sub sahariana, y de la presencia ya milenaria de la religión islámica en aquellas zonas inmediatas a la zona de influencia árabe (Sudan, Nigeria, etc.).

Otro factor determinante, estriba en la militarización de la lucha por el control de los recursos naturales de los territorios, en clara concomitancia con los intereses de las empresas transnacionales que los explotan (véase por ejemplo, el actual conflicto en la República Democrática del Congo).
Todo ello, genera permanentes conflictos armados en donde las principales víctimas son los civiles, quienes indefensos ya de por sí en cuanto compete a la carencia marcada de condiciones de vida (salud, infraestructura sanitaria, vivienda, educación, acceso a una remuneración, a tecnologías de producción, etc...) se ven amenazados permanentemente como rehenes de confrontaciones en las cuales la mera pertenencia a determinado grupo étnico se transforma en una condena de muerte (piénsese en el drama de Darfur, Sudán, en el conflicto de Hutus y Tutsis en Ruanda, en las luchas que afectan a Zimbabwe, etc...).

Aún más preocupante resulta la actitud asumida por la comunidad internacional.
Dicha comunidad, en realidad equivale a las ex potencias coloniales, más la presencia de los USA.
De las primeras, debemos establecer que con frecuencia adoptan una actitud paternalista, en ocasiones debida a un claro “sentimiento de culpa” histórico frente a los conflictos desatados en sus antiguas colonias debido a la artificialidad de sus delimitaciones políticas, y a las pésimas condiciones de infraestructura estatal que han dejado atrás los países europeos en la zona.

Por ejemplo, el envío de tropas francesas y belgas durante el conflicto de Ruanda.

Sin embargo, dicho envío con frecuencia es destinado por sobre todo a la protección de los ciudadanos de dichas naciones en el territorio, y no a la salvaguarda de la población local.

En realidad, el mantenimiento de cierto orden durante los conflictos, recae en las Misiones de Paz de la ONU, las cuales, a raíz de su objetivo especifico de velar por la seguridad de la población civil y evitar la extensión de las confrontaciones, en la mayor parte de las ocasiones devienen meros testigos de las luchas, masacres, o arriban cuando ya la situación de violencia se ha extendido a grandes extensiones de territorio (piénsese en las actuales luchas del Congo donde los cuerpos de Paz permanecen como testigos entre los dos bandos rivales en la guerra civil).

La actitud de los USA, ha sido de una histórica ausencia en el área, dado que la misma pertenencia al radio de influencia de las potencias europeas.

Con frecuencia ha adoptado dos actitudes disímiles:
Por un lado, ha delegado el envío de tropas a las decisiones burocráticas, lentas y por tanto ineficientes de los órganos deliberativos de la ONU.

Por el otro, ha efectuado incursiones militares motivadas por situaciones especificas que afectaran en modo directo los intereses o la seguridad de sus ciudadanos (recuérdese el desastre de Somalia, en 1993 durante la administración Clinton, o el bombardeo de posiciones supuestamente “terroristas” en Sudán en años posteriores).

Dicha actitud, puede rastrearse también en el equilibrio existente durante el periodo posterior al fin de la II Guerra Mundial, en la cual la presencia del bloque soviético y de sus satélites, fungía de contrapeso a la expansión de los intereses norteamericanos.

Tal es así, que varias de las noveles naciones africanas, adhirieron al menos en la retórica de sus lideres, a una ideología de socialismo, que si bien no condecía con los principios de dicha ideología, les garantizaba cierta salvaguarda y asistencia soviética, ante los USA.

Otro factor de indudable peso, estriba en la resistencia causada por las actitudes de los USA, a favor de Israel, entre los países Árabes y en el mundo islámico en general, el cual extiende su zona de influencia hasta mas allá de las arenas del Sahara.

Estos conflictos han generado el desplazamiento masivo de población hacia territorios vecinos en los cuales no existan en dicho momento situaciones de violencia.

En la terminología técnica y legal, el estatus de “refugiado” refiera a aquellas personas que han sido desplazadas a través de las fronteras de sus estados originarios, mientras que el término de “Personas desplazadas internamente” (IDP en inglés) refiera quienes lo han sido en su país de origen, con la de que carecen de la protección legal de convenciones internacionales garantizan a aquellos que cruzan las fronteras.

En cuanto compete a su definición legal y las implicancias políticas que dicho término conlleva, debemos establecer que de acuerdo a la Convención sobre el Estatuto del Refugiado, de 1951, un refugiado es aquel que “debido a un bien fundado temor de ser perseguido por causas de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social especifico, o por la opinión política, se encuentra fuera de su nación, y es incapaz, por, o debido a tal temor, no esta dispuesto a someterse a la protección de ese país”. Por definición, cabe señalar que los refugiados no pueden beneficiarse de la protección de su propio gobierno. 

Por lo cual, una persona que se ha visto desplazada adquiriendo el estatuto de refugiado, haya existido o no el trámite burocrático necesario para la elegibilidad de tal estatus ante las autoridades de los territorios adonde se desplaza, o ante organismos internacionales.

El organismo encargado de velar la situación de estas personas, la UNHCR (La Comisión para los Refugiados de las Naciones Unidas comandadas por el Alto Comisionado respectivo), establece en su “Manual de Procedimientos y Criterios para Determinar el Estatus de Refugiado”; ciertas líneas guía para el otorgamiento del mismo.

En cuanto a las personas desplazadas internamente, las mismas son consideradas como “personas o grupo de personas que han sido forzadas u obligadas a escapar o a dejar sus hogares o lugares de residencia habituales, en particular como resultado o en orden de evitar los efectos de un conflicto armado, situaciones de violencia generalizada, violaciones a los derechos humanos o a desastres naturales o de origen humano, y que no han cruzado las fronteras reconocidas internacionalmente de un Estado”.
Esta es la definición dada en los “Principios Guía sobre el Desplazamiento Interno” establecidos en el Inter Agency Standing Comittee (IASC) de la Oficina de las Naciones Unidas para l Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en 1998.

Dichos “Principios Guía” constituyen por si, un documento de alta influencia, dado que establece en modo claro los derechos de las Personas Desplazadas y las obligaciones de los gobiernos y fuerzas insurgentes en cada una de las fases del desplazamiento.

Existe además, otra situación específicamente descripta, que compete a la denominada “Emergencia Compleja”, en la que dicho término refiere a la necesidad imperiosa de ayuda alimenticia y de otro tipo (sanitaria, locativa, de infraestructura), para aquellos refugiados y Personas desplazadas afectadas por una combinación de conflicto, sequía, y crisis económica agravada.

En cuanto a la situación de los refugiados y las personas desplazadas, hacia comienzos de este milenio, actualmente, del total de población comprendida entre refugiados, y otros estatus relacionados (solicitantes de asilo, refugiados retornados, personas desplazadas, personas desplazadas retornadas, personas sin Estado, y otros), del total de 19,195,350 individuos en 2004, 4,860,120 correspondían al África.

Dentro del continente, los refugiados sumaban 3,023,000, los solicitantes de asilo 207,000, los refugiados retornados, 330,000, las personas desplazadas reconocidas por la UNHCR 1,200,000, las que carecen de Estado 120,  y otros unos 67,000.

Entre los sitios de destino principales de llegada de refugiados, figuran, en el 2004 los siguientes territorios, los cuales lógicamente delimitan con aquellas zonas afectadas por los conflictos.
En África destacamos los siguientes:

En cuanto a los refugiados provenientes del Sudán, los países de asilo principales son el Chad (130,000), Uganda (14,000), Kenya (2,300) y otros (240), totalizando 146,540.

Para los originarios de la República Democrática del Congo, Burundi (21,000), Rwanda (11,000), Zambia (4,300), Uganda (1,600) y otros (250), sumando 38,160.

Para aquellos nacidos en Somalia, Yemen (17,000), Kenya (2,400) y otros (130), 4 en total 19,530.

Para los de Costa de Marfil, Liberia (5,500), Malí (460), y otros (10), totalizando 5,970.

Para aquellos nacidos en Burundi, Rwanda (2,900), Tanzania (1,100) y otros (190) totalizando 4,190.

Para los naturales de Liberia, Sierra Leona (2,400), Costa de Marfil (530), Guinea (510) y otros (26
0), totalizando 3,700.

Para aquellos de Rwanda, Malawi (410) y otros (140), totalizando 550.

Para aquellos de la República Central Africana, el Chad con 500.

Entre los principales países que efectivamente otorgan el asilo, se cuentan para los originarios de dichas naciones africanas, los siguientes destinos:

Para aquellos naturales del Sudán, Chad (225,000), Uganda (215,000), Etiopía (91,000), Kenya (68,000) y la República Democrática del Congo (45,000).

Para aquellos del Burundi, Tanzania (444,000), la RDC (19,000), Rwanda (4,700), Sud África (2,100) y Canadá (1,900).

Para los de la RD del Congo, Tanzania (153,000), Zambia (66,000), Congo (59,000), Burundi (48,000), Rwanda (45,000).

Para los de Somalia, Kenya (154,000), Yemen (64,000), UK (37,000), USA (31,000), Djibouti (17,000).

Para los de Liberia, Guinea (127,000), Costa de Marfil (70,000), Sierra Leona (65,000), Ghana ((41,000), USA (20,000).

Entre las principales áreas de conflicto debemos mencionar la situación agravada de estos países:
Liberia, fundada por ex esclavos americanos repatriados, la cual si bien se había visto desprovista de mayores conflictos gracias a la tutela y relación con los USA, a comienzos de la década de 1990, fue escenario de la lucha de distintos grupos étnicos armados, por lo cual la mitad de la población de 3 millones de personas, abandonó sus hogares.

La fuerza rebelde, liderada entonces por Charles Taylor, controlaba el campo sin llegar a la capital, Monrovia. Sin bien éste líder fue elegido luego democráticamente, y los refugiados han retornado a sus hogares, se ha criticado a la intromisión de su gobierno en el conflicto de la vecina Sierra Leona originado por el tráfico ilícito de diamantes. Asimismo, nuevos levantamientos armados de grupos (LURD), han provocado sucesivos desplazamientos masivos, junto a la situación desesperante de catástrofe sanitaria (carencia de agua, cólera, malaria, diarrea,)

En cuanto a Costa de Marfil, debemos establecer como luego de un golpe de estado militar en el 200, se ha visto sacudida por una guerra civil comenzada en el 2002, ante lo cual más de 600,000 abandonaron sus hogares, sufriendo incluso los refugiados de otros países (de Liberia) en su territorio, ataques específicos de los diversos grupos en conflicto.

En Sierra Leona, debemos señalar el extendido conflicto de guerra civil que duró cerca de una década, finalizando en 2002, con 50,000 muertos, 4,000 civiles mutilados adrede, e innumerables desplazados.

En cuanto a Guinea, este país ha albergado a una gran cantidad de población refugiada del resto del continente. (Hacia 2003, 120,000 Liberianos y 50,000 de Sierra Leona).

No obstante la provisión de campamentos de refugiados para acogerlos, la carencia adecuada de infraestructura carretera, las inclemencias climáticas, la corrupción gubernamental, y los recortes de presupuesto de la UNHCR han minado las posibilidades reales de reacomodamiento de dichas personas.

Aún más, el principal campo de refugiados del territorio, el de Kuankan, ha sido eventualmente militarizado por los rebeldes Liberianos establecidos en el mismo, por lo cual la UNHCR se ha visto obligada a trasladar a otros refugiados a diversas locaciones.

Otro de los puntos de conflicto actuales, originado en el 2003, afecta a Darfur, en el oeste de Sudán, entre los yanyauid, un grupo de milicianos formados por miembros de las tribus de los Abbala (criadores de camellos de etnia árabe) y los pueblos no Baggara, principalmente agricultores
. El gobierno sudanés, aunque públicamente ha negado su apoyo a los yanyauid, les ha proporcionado armas y asistencia, y ha participado junto con ellos en varios ataques contra los pueblos fur, zaghawa y masalit.

 La mayoría de los habitantes de Darfur son musulmanes, por lo cual a diferencia de la anterior guerra civil sudanesa, la lucha no posee un motivo eminentemente religioso.
La razón principal estribaría, en los conflictos étnicos por el control de los recursos naturales de la zona.

Se estima en 400,00 las víctimas causadas por el conflicto hasta el momento y en 2 millones los desplazados por tal motivo.

El conflicto ha sido descrito como un genocidio por los medios de comunicación internacionales y por el gobierno de Estados Unidos, aunque no por la ONU.

El 31 de Julio de 2007 la ONU estableció, en modo ya retardado,  el envío de 26.000 soldados a Darfur en una decisión calificada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, como "histórica".
En cuanto a la actual lucha en la RDC, debemos relacionarla a la denominada Segunda Guerra del Congo. Este conflicto se inició en 1998 y terminó formalmente en 2003, cuando asumió el poder un gobierno de transición bajo los términos del Acuerdo de Pretoria. Los combatientes provenían de nueve naciones (además de existir dentro del país veinte facciones armadas distintas), lo que lo convierte en el conflicto continental africano más grande hasta el momento.

Provocó la muerte de aproximadamente 3,8 millones de personas, la mayoría de ellas por hambre y enfermedades previsibles y curables. Dentro de estos graves hechos, se considera a este episodio el más álgido dentro del llamado "genocidio congoleño". Esta trágica cifra convirtió a esta guerra en el conflicto más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial, sin contar los millones de desplazados y refugiados en los países vecinos.

El conflicto en Zimbabwe, debe rastrearse en cambio, en el dominio dictatorial de su Presidente R. Mugabe durante dos décadas, y a las rivalidades surgidas entre los distintos grupos que antiguamente habían unido fuerzas para liberarse de la opresión británica en primer término, y de la elite blanca que le había sucedido en el poder.

Por último debemos resaltar asimismo la Guerra de la frontera de Sudáfrica o de acuerdo a las  fuentes oficiales sudafricanas post-Apartheid a la llamada Guerra de la frontera con Angola. Observadores internacionales la denominan no obstante, como la Guerra por la liberación nacional de Namibia.

Los acontecimientos de esta guerra se dieron entre 1965 y 1988 entre, por una parte, tropas sudafricanas, del grupo angoleño UNITA, contra los namibios miembros de la SWAPO, soldados de Angola y asesores enviados por Etiopía y Cuba. En ella participaron indirectamente Estados Unidos, Israel, Colombia, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Irán (antes de la Revolución Islámica) de la parte de Sudáfrica y URSS al lado de los cubanos, angoleños y etíopes que luchaban junto a SWAPO. Por otra parte, la guerra reclutó un número indeterminado de mercenarios occidentales, también del lado sudafricano y de UNITA. Las tropas sudafricanas no son del grupo angoleño UNITA, sino un apoyo de la SADF a un grupo insurgente dentro del territorio de la República Popular de Angola (RPA). La UNITA no combatía directamente a las SWAPO. Jamás Etiopía envió asesores a la RPA.

La guerra concluyó con la independencia de Namibia y un periodo de paz entre las naciones del África Austral que fueron firmando la paz con los distintos grupos guerrilleros financiados por el régimen racista sudafricano. A más largo plazo, contribuyó a la reforma legal en Sudáfrica y el fin del Apartheid, con la salida de este país austral del aislamiento internacional.

Todo el panorama anteriormente citado, obliga a un llamado de atención a la comunidad internacional, léase, a las potencias europeas, inherentes a la situación actual africana en tanto fueron directas implicadas en la explotación indiscriminada de los recursos naturales y humanos del continente durante 500 años.

Asimismo, obliga al resto de los principales países con injerencia mundial (USA en primer término, seguido de China, Japón, Canadá, Rusia, India), en intentar resolver a mediano y largo plazo, los factores reales de los conflictos, ya enumerados en este documento (explotación de recursos naturales, fragilidad y artificialidad de fronteras nacionales africanas, diversidad étnica ignorada al momento de establecer los estados pos coloniales, falta de toda infraestructura humanitaria, económica y social en gran parte de los territorios a raíz de la grave crisis provocada históricamente por la opresión colonial y la inestabilidad política en años subsiguientes a la “liberación”).

Como corolario, debemos establecer, que dicha “liberación” se limita más bien al aspecto legal, o formal, dado que de hecho, el destino de los países africanos y de sus habitantes, castigados por los conflictos, desplazados y refugiados en territorios vecinos que presentan las mismas carencias que en su tierra natal, depende en gran medida del mismo mundo “desarrollado” que ha visto beneficiado su impulso económico a partir del siglo XVI y la posterior revolución industrial, gracias  a la explotación indiscriminada de los recursos humanos y naturales que aportaban sus colonias, de las cuales, el África constituye el ejemplo paradigmático dado el tardío y brutal proceso colonial a partir del siglo XIX por parte de Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica e Italia en menor medida; y de la trata de esclavos a través de los mercaderes árabes desde el medioevo hasta el siglo XIX; hacia Europa en primer término y luego hacia América a través de las compañías internacionales.

Fuentes:

Clover J. 2002 “Situation report: refugees and internally displaced people's in Africa”
In : www.iss.co.za/af/current/Refugees_IDPs.html - 193k -

Drumtra J. 2003 “West Africa's Refugee Crisis Spills Across Many Borders”
In:  www.migrationinformation.org/feature/display.cfm?ID=148 - 36k

UNHCR REFUGEE AGENCY 2006 “The State of the World's Refugees 2006 “
In : http://www.unhcr.org/static/publ/sowr2006/toceng.htm

www.es.wikipedia.org/